Los runrunes de Nelson Bocaranda del 9 de diciembre de 2020
ALTO – ¿UNA SAGA DE LA GUERRA FRÍA?

Por la intervención de Rusia, a través de su canciller Sergey Lavrov, la liberación del abogado Juan Planchart cobra visos de aquellas escenas cinematográficas que involucraron el intercambio o liberación de prisioneros entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Precisamente los contactos originales -intactos y mantenidos desde los años 90- entre alumnos de la Facultad de Derecho de una universidad de Boston donde participaron rusos, noruegos, mexicanos y un venezolano es donde se origina el tejido que dará pie a lo que aquí comparto.

Un tuit de Ewald Scharfenberg, del 7/12, señalando “Casa por cárcel. Intervinieron la diplomacia escandinava y un expresidente del gobierno español” me animó a indagar sobre la detención de Planchart, primo de Juan Guaidó, junto con Roberto Marrero, jefe del despacho de Guaidó en la Asamblea Nacional.

La detención ocurrió en marzo de 2019 y el Tribunal de Control de Caracas ordenó la reclusión de ambos en la sede del SEBIN en El Helicoide, tras acusar a Marrero por supuestamente “haber viajado hasta Colombia y adquirir un lote de armas, por captar y reclutar a mercenarios colombianos y centroamericanos con la finalidad de conspirar en el país, desestabilizar la nación, y querer cambiar la forma republicana de Venezuela”; y a Planchart por supuesta “legitimación de capitales, asociación para delinquir y conspiración”.

Sin embargo el pasado 31 de agosto Maduro indultó a Marrero tras 500 días de estar preso. Tras su liberación, viajó desde Maiquetía el 7 de octubre a México y de allí a Miami, donde ahora reside con su familia.

Un guion que se ha venido repitiendo cada vez que sueltan a un preso acusado con exactos cargos. A Planchart, que no es político sino un abogado independiente, lo dejaron recluido allí hasta este 7 de diciembre, a pesar de que desde el 12 de septiembre de 2019, tras seis meses preso, se le diagnosticó un tumor en el cuello.

Allí recibió ese día la orden médica que recomendaba una intervención quirúrgica urgente. En medio de la pandemia no se volvió a hablar del caso hasta el pasado 31 de agosto, cuando Roberto Marrero fue liberado junto con los diputados Gilber Caro y Renzo Prieto, tras haber anunciado Jorge Rodríguez “un decreto de Maduro indultando a diputados opositores presos o exiliados”.

Con esa decisión de Maduro se comprobaba que las acusaciones contra él y Planchart eran totalmente falsas. Sus detenciones suplantaban la posible captura de Guaidó a la que el régimen no se ha atrevido. El caso Planchart había quedado atrás en medio de la crisis política y el avance de la covid-19. Pero tras bastidores otros factores coincidían en buscar la libertad del afectado de cáncer en el cuello, arrinconado en las celdas del SEBIN y con urgencia del tratamiento médico, humanitario, que la dictadura de Maduro ignoró por más de año y medio. Cuando Planchart fue detenido era empleado de la empresa petrolera rusa Rosneft en su filial de Caracas.

 ¿DE PELÍCULA?

Increíble pero cierto. Comenzaba tras bastidores lo que podría ser el guion para una película de Netflix. Una reedición de la “cold war” entre la URSS y los EE. UU. ¿Los jugadores en esta trama? Rusia, Italia, Noruega, España, Cuba, México, la Nunciatura papal, la ONU en su oficina de DD. HH. y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

Los contactos establecidos con Noruega, tras su mediación fallida en 2019, no se han apagado. Prestos a recuperar el diálogo como única fuente de acuerdos, escucharon a través de su canciller las razones humanitarias para dejar libre a Planchart tras demostrarse -con la liberación de Marrero- que todas las acusaciones eran otra farsa del gobierno venezolano para acabar con la disidencia nacional.

Teniendo Planchart la doble nacionalidad italiana, el ajedrez comenzó en la embajada de Italia con el embajador Plácido Vigo. Luego con el nuncio apostólico Pietro Parolín. Se siguió con la comisionada Michele Bachelet en la ONU en Ginebra y con el embajador ruso en Caracas, Sergei Melik-Bagdasarov, con la autorización del canciller de Rusia Sergei Lavrov. Unos con otros y otros con uno, como dice el refrán, fueron contactándose y participando en el esfuerzo conjunto. Solo la pandemia pondría trabas a las reuniones personales.

Noruega pidió a través de la Federación Rusa el apoyo para informarles a México y Cuba de lo que se trataba. Cada nueva reunión exigía presentar a los interlocutores las pruebas de que Planchart era tan inocente como había sido el liberado Marrero. Sus representantes diplomáticos en Caracas ratificaban a sus superiores la verdad de los hechos. Habrían “establecido empalmes” en Madrid con Rodriguez Zapatero, sabiendo su cercanía con Maduro y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez. Este último fue quien terminó de incorporar a los rusos.Son los noruegos y los rusos los que despejan cualquier piedra en el camino para lograr el sorprendente final.

Jorge conversó con el embajador Melik-Bagdasarov (embajador ruso en Venezuela) y así se fue afinando el acuerdo libertario. Ninguno de los involucrados pidió nada a cambio. Tanto los noruegos como los rusos vieron que el caso era un tema de sensibilidad humana. Algunos de los interlocutores se sorprendieron por la “caballerosidad de Zapatero” ante la imagen que tiene de ser muy complaciente con el gobierno venezolano desde que Chávez mandaba y sus discrepancias con la posición de la Unión Europea, a la que ha pedido levantar las sanciones de todo tipo contra el gobierno actual y sus dirigentes.

Quienes han estado cerca de él cuando ha venido a Caracas siempre dejaron saber que tiene vara alta en el gobierno de Maduro y que a diario celebraba reuniones en la embajada española con funcionarios gubernamentales antes de que le dieran refugio en ella a Leopoldo López. Esta semana sus apariciones elogiando las “elecciones” del domingo fueron repetidas hasta la saciedad por los medios propagandísticos del gobierno.

MEDIO – A LA CARRERA

Este dato me lo pasa un candidato a diputado que se quedó guindando y no salió y que ahora, indignado por lo que llama “el engaño rojo”, me escribe: “Comenzó la «hora loca» en el CNE de Indira. Los Rodríguez van en auxilio de Timoteo Zambrano, a ruego de Rodríguez Zapatero y en pago a sus servicios prestados.

El verdadero cuento de la trampa es como sigue: la alianza de su minipartido «Cambiemos» con «Avanzada Progresista», de Henry Falcón, apenas sumó votos para un solo diputado principal (Luis Augusto Romero), quedando por fuera Timoteo (2do en la lista). La solución para dar «cobertura legal» a un puesto de principal para el apodado «Alacrán Mayor» fue incluir, postevento electoral, la tarjeta del partido Ecológico y sumar los votos suficientes a cambio de seguir operando a trastienda para el régimen.

 EL CHAPARRÓN

Una rápida consulta hecha por los miembros de uno de los partidos de la otrora sólida coalición gubernamental, hoy con amplia discrepancia ante el tema de las libertades en el CNE y los medios controlados, da cuenta de que la malhadada frase referida al voto y la comida fue una provocación innecesaria ante las dificultades que ya pasan los que reciben las cajas CLAP, que cada vez vienen con peor contenido.

Le echan la culpa a ella de la mayor parte de las reacciones que impulsaron la no presentación en los centros electorales. La procesión por dentro se hace cada vez más pública. Las protestas diarias a nivel nacional van en aumento. Son una señal de inconformidad que no se apaga con represión.

 AHORA SE FILTRA

Recordemos que en esta columna del pasado 3 de noviembre les comenté de la reunión secreta entre Jorge Rodríguez y Richard Grenell, un exfuncionario de la administración estadounidense y muy cercano a Trump y su yerno Jared Kuchner.

Entre uno de los temas tratados ante la expectativa de que Donald Trump repitiera en la presidencia -aparte de pedir el levantamiento de algunas sanciones- estaba la oferta de mejorar las relaciones, ceder en algunos puntos donde se ha vulnerado de muerte a la democracia y tratar de recuperar los activos de Citgo. A pesar de Grenell haber informado a la Casa Blanca y al Departamento de Estado nada se supo después. ¿Quizás la filtración de la noticia del encuentro o falta de interés por parte del gobierno de Trump?…

BAJO – LA SOLIDARIDAD

Con el permiso del respetado escritor Federico Vegas citaré algunos párrafos de su artículo Botar para comer, publicado en La Gran Aldea, en el que se refiere al tema del voto por comida: “Algo así me acaba de suceder con una frase esgrimida con saña por Diosdado Cabello: ‘El que no vota, no come’. Estas palabras no se asientan en mi mente, más bien se quedan girando sin asentarse y me ha costado incluso llegar a escribirlas. Mi primera reacción tiene que ver con la reverberación que produce este grito ampliado por un micrófono a pleno sol apureño, pues creí escuchar un eco que al fondo repetía: ‘El que come no vota’. La ecuación tiene su lógica: Si para comer tienes que votar, si puedes comer, ¿para qué votar?

Este asunto de comer o no comer es un problema muy serio.

Recuerdo a un amigo muy querido que atravesaba una crisis terrible y le conseguí una cita con Rafael López-Pedraza. Al día siguiente hablé con Rafael y me dijo que no podía ayudar a mi amigo:

–El caso es demasiado grave para iniciar una psicoterapia.

Le pregunté cuál era la razón, he intentó ser lo más respetuoso con los sueños que perseguían al paciente:

–Sus disturbios tienen que ver con la comida.

Intenté asomarme al contenido de esa frase y sentí una especie de mareo con dolor de barriga. Entiendo que nuestra conexión más fundamental y persistente con la vida y la naturaleza es comer. Si nuestra mente confunde esta señal está fundido todo el sistema.

Mi padre me dijo una vez que el primer paso para ser independiente es trabajar para poder comer.

–¿Y cuál es el segundo? le pregunté.

–El segundo es trabajar para saber que también podrás comer mañana y pasado mañana. El tercero es poder comer lo que te gusta.

No continuó, pero sentí que algo faltaba e insistí:

–¿Y el cuarto?. El cuarto es poder decidir qué comen los demás. Algo en la expresión de su rostro me reveló su desprecio hacia el poder que invade los derechos de nuestro prójimo”…

“Su estrategia no es un hecho aislado, pues ha coincidido con la persecución al proyecto ‘Alimenta La Solidaridad’. Es paradójico que la iniciativa que ayuda a cubrir la necesidad más urgente de nuestro país sea, al mismo tiempo, la que señala el fracaso más evidente de este Gobierno: ser incapaz de garantizar la alimentación de los venezolanos.

La iniciativa alimentaria más notoria del Gobierno son las bolsas CLAP… encarnan un sistema de dádivas y notable corrupción tanto por su origen como por su destino. En Venezuela las siglas significan “Comités Locales de Abastecimiento y Producción”, pero ciertamente la producción no es local. Las cajas parten de lugares remotos a través de mecanismos misteriosos que pasan por Cabo Verde y llegan como limosna a quien baja la cabeza y jura obediencia.

‘Alimenta La Solidaridad’ crea en cambio un sentido de comunidad incluyendo a las madres en la producción de la comida, quienes garantizan la cualidad del producto y la nutrición de sus hijos. ¡Qué dolor escribir con aprensión ‘Roberto Patiño’, el nombre de uno de sus creadores, para no agitar más los ánimos de quienes lo persiguen por su labor!Votar para comer es el primer paso a la dependencia y la esclavitud. Solo puede ser más oprobioso el sentir que lo deberás hacer mañana y pasado mañana hasta transformarse en un vicio y una costumbre. Por eso decía que debemos agradecerle a Diosdado que nos haya enfrentado a un límite luego del cual no habrá más abismos ni más oscuridad. Votar para comer es degradar el derecho a votar y a comer, al convertir en un acto de vergüenza la más fundamental de nuestras necesidades físicas y una de las más hermosas de nuestras posibilidades espirituales”. Fin de la cita.

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